diumenge, 24 de gener de 2021

V

 



Pequeño como un ruiseñor

y ya querías aprender a tocar el violín.

¡Imposible!

La maldición de amar la música

y no saber hacerla nacer y crecer de un instrumento

también, como yo mismo, la sufriste tú.

La música popular fue nuestra pasión.

Nuestra vida ha tenido

una ubérrima banda sonora.

Las melodías, que han amortiguado los golpes de la tristeza.

Las baladas que han ensalzado la esperanza del amor.

El rock, el reggae, el ska, el rap que nos han atrapado

y nos han hecho saltar, bailar, sudar, disfrutar.

 

Nunca me podré perdonar

que en la última despedida

me olvidará de ofrecerte,

como una rosa blanca, una canción,

y el templo lleno de músicos esperando

un gesto para ponerse a tocar.

1 comentari:

Manel Rodríguez-Castelló ha dit...

Un poema molt bonic, Manel, senzill, tendre, nascut de les fondàries, autèntic. Una abraçada.