divendres, 19 de març de 2021

VI

 



La timidez es una cadena

que me ató corto a una argolla

de silencios que intoxicó las complicidades.

Nunca tuve que pedirte un solo abrazo,

ni siquiera cuando todavía tenías la altura de un duendecillo.

Los abrazos me los obsequiabas tu.

Ahora los evoco, mientras surcan

mis curtidas mejillas

los ríos caudalosos de Babilonia

y se me abre la carne y la herida se llena de sal

al ser consciente de que no me concederás

nunca más ni una brizna de caricia.

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