dijous, 10 de juny de 2021

XVII

 


El sol se alejaba por los senderos de la Calderona,

en nuestro viejo coche te acercan hasta Sagunto,

y te dejaba en la puerta del polideportivo

donde una hora más tarde te recogería.

En el bolsillo llevabas tu acreditación,

un bolígrafo mordisqueado y una libreta medio estrujada.

Entrabas y seguro de ti mismo te sentabas

junto a los profesionales con sus ordenadores,

unos profesionales que iban haciendo crecer

con oficio los diversos párrafos de su artículo.

Tú tomabas notas, como lo hacías en clase.

Eres el más pequeño de todos,

demasiado tierno para el trabajo,

deberías estar en casa.

Disfrutabas del partido jugando a hacer de cronista deportivo

de un club de balonmano de la división de honor.

El más pequeño de todos,

demasiado tierno para la vida,

elevaba la bandera de la libertad de expresión.

Ram, ram, pataplam.