dimarts, 20 de juliol de 2021

XXI

 


Mantengo el ritmo del poema,

escucho el latido que me impulsa

a escribir cada estrofa.

Controlo la respiración de las palabras,

las emociones que me pueden hacer desfallecer

y abandonar en el penúltimo verso.

Solo, desnudo, con mi dolor y el oficio aprendido

evitando que la técnica secuestre lo que hago

y lo deje como un divertimento perfecto.

Soy un obrero de las letras.

 

Mantenías el ritmo de cada zancada,

Controlabas con inteligencia la respiración,

las pulsaciones, incluso las emociones,

dosificando tus fuerzas,

sufriendo en algún momento del camino.

Corrías contra ti mismo por placer.

Rodeado de corredores,

no pretendías ganar la carrera,

sólo disfrutar de la experiencia

y eso era todo y eso era suficiente.

Te sobraba con saber que podías conseguirlo.

Como el escritor, con una fortaleza interior inmensa el atleta.