dimecres, 30 de desembre de 2020

I, II i III

 


I

El cáliz materno se te hacía pequeño

y te rebelabas agitando los pies

convirtiéndolo en un piélago de olas

hasta que un mediodía

se derramó por el suelo de la casa.

No te esperábamos aún,

el médico te retuvo durante horas.

Mientras tanto, en soledad,

vi como moría la tarde

deshaciéndose como una naranja sanguina

sobre el castillo de Morvedre.

En encontrarnos por primera vez

tenías los ojos abiertos de par en par

y escrutabas curioso el entorno,

una curiosidad que no te abandonaría nunca jamás.


II

En despertar, después de la cesárea,

tu madre me rogó que te contara

uno a uno los dedos de las manos.

La obsesión que te faltara

un miembro del cuerpo la tenía agobiada.

La luz era escasa.

Te cogí la mano diestra y luego la siniestra:

pulgar, índice, corazón, anular y meñique.

Los volví a contar y entonces descubrí el esbozo de un anillo.

Lo miré con más atención,

era un lunar oscuro que sobre tu piel

dibujaba el mapa de la isla del tesoro que acababa de nacer.


 

 

Somos

como todo lo

que no somos

deviene

y es.

Advertimos

solemnemente ahora

la unión

que compartimos

con todos

y todo.

MANUEL NOVELLA

 

III

Vagando un día por la montaña

entre matorrales de brezo, romero y tomillo

me encontré con una carrasca pequeña

de madera ideal para herramientas de trabajo.

Acaricie su corteza

y en sus entrañas descubrí

que había nacido una perla.

Quise encastarla y unirla a una cadena,

hecha con los rayos dorados del sol,

pero la perla no había nacido para ser colgante,

lagrimas de tinta brotaron de sus ojos y con las manos

dibujó con ellas una puerta en la pared

y en traspasarla  se liberó.

No, no woman, no woman no cry.



(Del libro "Quadern per al meu fill Arnau" Manel Alonso i Català  -Alzira, 2020- Traducción al castellano del propio autor)

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